Crónica de un abandono: Cuando el Fondo de Solidaridad perdió su rumbo.
- Molay & Asociados, Opinión Publica.

- 17 mar
- 2 min de lectura
El Fondo de Solidaridad Magisterial (FSM) nació con una vocación clara y noble: ser el
respaldo económico y moral de los trabajadores de la educación en los momentos de vulnerabilidad.

Sin embargo, la radiografía de cómo fue entregada por las administraciones pasadas revela un panorama desolador, marcado por la negligencia administrativa y el colapso financiero.
La transición institucional destapó una crisis profunda. La imagen de clausura que enmarcaba las instalaciones no era solo un símbolo, sino el reflejo fiel de una operatividad
asfixiada. Durante meses críticos —de diciembre de 2022 a marzo de 2023— el FSM operó
literalmente en ceros. La caja estaba vacía. La gravedad de la situación llegó al punto de
obligar a recurrir a préstamos personales para poder hacer frente a los gastos más elementales de operación.

¿Cómo es que un fondo magisterial llega a la insolvencia total? La respuesta se encuentra
en una cadena de omisiones sistemáticas. Por un lado, se detectó una abrumadora cartera
vencida que ronda en más de 7 millones de pesos, un hueco financiero que paraliza cualquier intento de mejora, esto en un período de más de 12 años.
Por otro lado, se mantuvo una ceguera financiera prolongada al sostener aportaciones de apenas 20 pesos para los socios de Coahuila, una cifra que desde hace años dejó de ser suficiente para cubrir las necesidades reales de defunciones.
Pero el abandono de las administraciones pasadas no solo golpeó las reservas del fondo, sino también sus obligaciones cívicas y operativas más básicas. Las nuevas revisiones arrojaron que durante seis años consecutivos se evadió el pago de impuestos prediales y de los permisos de funcionamiento de los edificios. A esto se sumó el rezago en el pago de
servicios de primera necesidad, como la luz y el agua. Las instalaciones, diseñadas para el
esparcimiento y beneficio de los agremiados, fueron dejadas a la deriva, acumulando
deudas y deterioro.
La negligencia administrativa de los últimos años provocó el EMBARGO de propiedades emblemáticas de nuestro gremio debido al impago de predial, luz y agua:
1. El "Eriacito" de Lerdo.
2. El Edificio de la Carranza.

Recuperar el FSM exige transparencia total y decisiones firmes. No permitiremos que el descuido de unos pocos destruya el patrimonio sindical.
El estado en el que se encontró el FSM es un duro recordatorio de lo que ocurre cuando se pierde de vista el principio rector del fondo: la solidaridad. La gestión delos recursos de los trabajadores de la educación exige una rendición de cuentas pulcra y una visión de sustentabilidad que, en el pasado, brilló por su ausencia.
Está información es la antesala de cómo se encontró la institución.


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